
Educando en la Era de la Inteligencia Artificial
Siguiendo el capítulo III de la encíclica «Magnifica Humanitas» del Papa León XIV sobre la inteligencia artificial y la custodia de la persona humana, y con la mirada puesta en la educación en casa y en el colegio, comparto estas reflexiones para abrir un diálogo sobre cómo afrontar este desafío en nuestras familias y en colegio.
Babel frente a Jerusalén
El Papa plantea la gran encrucijada actual: usar la tecnología para edificar una torre de orgullo y autosuficiencia (Babel) o para construir una comunidad basada en la fraternidad, la responsabilidad compartida y Dios (Jerusalén). La pregunta clave para nuestra época es: ¿qué estamos construyendo?
Babel nos resulta atractiva por tres razones:
- Nos promete superar todo límite: Nos cuesta aceptar la vulnerabilidad, la espera y el esfuerzo. La IA nos ofrece un atajo: el resultado inmediato sin pasar por el proceso de maduración que exige aprender, escribir o convivir.
- Nos hace creer que somos totalmente independientes: Nos seduce la idea de no necesitar a nadie ni depender de Dios. Evita el proceso de confiar en un maestro o aprender de otros, vendiéndonos la ilusión de que la tecnología nos hace dueños absolutos de nuestro destino.
- Nos ofrece un refugio contra la soledad sin el riesgo de exponernos: Nos entretiene y nos acompaña de forma simulada, evitando las heridas y el trabajo que conllevan las relaciones humanas reales.
De este modo somos tentados tanto los educadores (padres y maestros) como los educandos (hijos y alumnos):

Peligros en los educadores (Padres y Maestros)
Buscar atajos
Creer que la tecnología puede sustituir el tiempo de calidad que debemos dedicar a alumnos e hijos es una ilusión peligrosa.
Pertenecemos a una generación de padres a la que le cuesta decir «no» por miedo a la frustración infantil, limitando la corrección a aquellos momentos en que la conducta nos resulta molesta. Pretendemos convencer a los niños en situaciones que aún no alcanzan a comprender, renunciando a una autoridad serena por temor a su enojo y al malestar que nos genera. A menudo optamos por consentirlos y asumir sus responsabilidades sencillamente porque nos parece más rápido y cómodo.
Sin embargo, este estilo educativo moldea personas caprichosas, perezosas y tiranas, con escasa autonomía y un autoconcepto deteriorado: al hacérselo todo, les transmitimos el mensaje implícito de que no son capaces. En nuestro intento de ahorrarles el dolor de un «no», los abocamos a una frustración más profunda al hacerles sentir poco valiosos. Al delegar su compañía en pantallas y el desarrollo de sus capacidades intelectuales en la inteligencia artificial para evitar el desgaste de la paciencia diaria, les comunicamos que son atendidos, pero no verdaderamente amados; para luego extrañarnos de su vulnerabilidad, fragilidad psicológica, falta de atención y dependencia tecnológica.
Caer en la autosuficiencia
Caer en la ilusión de no necesitar a la comunidad, a otros padres, a la tradición o a Dios. El educador cree tener todo bajo control. Aún así necesita apoyos que en este caso son las herramientas digitales, lo que lleva al maestro al aislamiento y a los padres a la soberbia.
Delegar el vínculo afectivo
Usar las pantallas como escudos o cuidadores simulados que entretienen y contienen al niño. Se evita así el exigente trabajo emocional que requieren las rabietas, el conflicto adolescente o las demandas de afecto real. Tenemos experiencia que las pantallas son eficaces, para mantener a los niños quietos y en silencio y nos parece, porque nos interesa, que las pantallas son un instrumento seguro. No queremos ver la realidad del daño que hace a su atención, a sus capacidades cognitivas y sociales, a su capacidad de esfuerzo etc.
Peligros en los Hijos y Alumnos
Apariencia de saber sin esfuerzo.
Buscar la nota o la respuesta inmediata sin pasar por el proceso de aprendizaje. Al evitar la frustración de pensar y leer, el estudiante se vuelve frágil, sin tolerancia al fracaso ni satisfacción por el logro propio.
Rechazar la guía del adulto.
La pantalla les vende la fantasía de no necesitar al profesor ni a los padres. Se rompe la autoridad pedagógica y la capacidad de dejarse corregir, viendo al adulto como un intermediario lento u obsoleto.
Refugiarse en una compañía a la carta.
Huir del riesgo de las relaciones reales (rechazo, torpeza, conflictos) para buscar un entorno digital cómodo que no exige nada. Calma la soledad de forma provisional, pero impide aprender a convivir y amar a personas de carne y hueso.
¿Qué pasa si construimos la Torre de Babel?
La ruptura de la alianza educativa entre padres, maestros y alumnos ha dejado un vacío de presencia adulta que la pantalla ha pasado a ocupar como único mentor moral. Sin el acompañamiento que enseña a gestionar la frustración y el esfuerzo, se moldea una generación intrínsecamente frágil, con escasa tolerancia al fracaso, dificultades para concentrarse y una acentuada tendencia a confundir la inmediatez de la información con la verdadera sabiduría y el juicio crítico. En este escenario, la renuncia al pensamiento independiente nos vuelve dependientes de los algoritmos, transformándonos en una masa pasiva y fácilmente manipulable ante la polarización.
Por otro lado todas las relaciones personales entre los padres y los maestros se ven mediadas por las comunicaciones por email, que en no pocas ocasiones nos escriben ya la IA, haciendo farragoso e impersonal la comunicación de unos y otros
Reconstruir "Jerusalén"
La encíclica del Papa León XIV nos ofrece tres principios de acción fundamentales:
- Presencia real y ayuno digital: Crear espacios sin tecnología (familia, aula, naturaleza) para cultivar el silencio, la espera y el esfuerzo.
- Valorar el proceso, no solo el resultado: Premiar el camino del aprendizaje, la duda y el trabajo manual por encima de la nota final inmediata.
- Restaurar la comunidad: Recordar que la persona se educa en relación con los demás; la tecnología debe servir, nunca sustituir el contacto humano.
Ante esto tendremos que tomar algunas decisiones prácticas pero eso será para otro número.